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 El dolor de Espalda  > Causas del dolor > Alteraciones de la estructura de la columna vertebral

Fisura, protrusión y hernia discal

Qué es

La fisura discal consiste en un desgarro de las fibras de la “envuelta fibrosa” que rodea el “núcleo pulposo” del disco intervertebral.

En una hernia discal, la “cáscara” que envuelve el disco se fisura y parte del contenido gelatinoso del núcleo sale fuera de ella (se “hernia”). En una protrusión discal, la “cáscara” se deforma sin partirse. En una fisura discal, algunas fibras de la “cáscara” se desgarran, pero sin que varíe el contorno del disco ni se salga su contenido.

 


Fisura
 

Síntomas

El interior (“núcleo pulposo”) del disco intervertebral, contiene sustancias que irritan los nervios. En condiciones normales no hay nervios en el interior del disco, de modo que esas sustancias no tienen nervios a los que irritar. Habitualmente, sólo hay nervios en la parte más externa de la “envuelta fibrosa”, y especialmente en las porciones laterales de su pared posterior. Durante años se ha creído que podía aparecer dolor,  denominado “discogénico”, si la fisura del disco permitía que las sustancias contenidas en el núcleo pulposo llegaran a entrar en contacto con las fibras nerviosas de la envuelta fibrosa y las activaran.

Sin embargo, las pruebas científicas disponibles hoy en día no demuestran que esta sea una causa habitual de dolor de espalda.

 

Diagnóstico

Como es muy frecuente observar fisuras discales en personas perfectamente sanas, que no tienen ni han tenido dolor, se han ideado mecanismos para intentar identificar a los pacientes en los que la fisura podría ser “la” causa del dolor.

Se consideraban “candidatos” a que el dolor se debiera a una fisura discal, a aquellos pacientes en los que:

  • El dolor era esencialmente lumbar  y no irradiado a la pierna, puesto que la fisura no podría explicar la compresión de la raíz nerviosa que provocaría ese dolor, aunque pudiera existir “dolor referido” o “reflejo” a la pierna, que no sigue el trayecto de una raíz nerviosa concreta, ni se acompaña de pérdida de fuerza o de alteraciones de la sensibilidad.

  • La resonancia magnética mostraba una fisura discal en un disco situado en un nivel compatible con la localización del dolor.

Para confirmar que el dolor se debía a la fisura discal, se recomendaba hacer una “discografía”.

  • La “discografía” consiste en inyectar un contraste radiológico en el disco que se sospechaba era el causante del dolor. Se entendía que la discografía era “positiva”, es decir, “confirmaba” que en ese paciente el dolor se debía a una fisura discal, si se daban dos criterios:

    • Se confirmaba la presencia de la fisura discal (que se veía bien, puesto que el contraste inyectado en el interior del disco rellenaba el espacio producido por el desgarro en la envuelta fibrosa)

    • Al inyectar el contraste, el paciente notaba que aparecía o se intensificaba el “dolor de siempre”, es decir, un dolor que el paciente identificaba por su localización y características como el que padecía habitualmente. Como ese aspecto era fundamental, se denominaba a la prueba “discografía provocativa”.

  • No obstante, las pruebas científicas actualmente disponibles demuestran que:

    • Muchos individuos con fisuras discales que no padecen dolor de espalda,  tienen “discografías provocativas” positivas, es decir, sienten dolor lumbar intenso al inyectárseles el contraste radiológico en el disco.

    • La discografía no permite identificar a los pacientes en los que un tratamiento específico, como la fusión vertebral, va a ser eficaz.

    • Los tratamientos ideados específicamente para tratar el dolor causado por fisura discal, como la termocoagulación intradiscal (–IDET-) tampoco han demostrado ser eficaces, incluso en esos pacientes en los que todo sugería que el dolor se debía a esa causa.

    • Además, la discografía tiene efectos secundarios por sí misma, y tiende a acelerar la degeneración del disco intervertebral. Por lo tanto, teniendo en cuenta de que su uso no mejora los resultados y tiene efectos secundarios evitables, actualmente no se recomienda realizar esa prueba.

Por lo tanto, aunque existe la posibilidad teórica de que la “fisura discal” sea una causa de dolor de espalda, actualmente ninguna prueba científica confirma que eso sea realmente así. Además, aunque lo fuera, resulta imposible identificar a los pacientes en los que ése fuera el verdadero motivo de su dolor, y los tratamientos desarrollados para resolverlo no han demostrado ser eficaces.

 

Riesgos

Ninguno; de hecho, los resultados de los estudios sugieren que resulta irrelevante, y no es más que un hallazgo casual que se observa en pacientes con dolor pero también en muchas personas sanas. Además, tampoco conlleva ningún riesgo especial de cara al futuro ni compromete el tratamiento de los pacientes; de hecho, su tratamiento es el mismo en aquellos que tienen y no tienen fisura discal, y su presencia no influye en el pronóstico.

 

Tratamiento

Nada apunta que deba ser tratada. Si la persona que tiene una fisura discal sufre dolor de espalda, hay que tratar éste como se haría si no tuviera fisura discal, puesto que ni la fisura influye en la eficacia de los tratamientos, ni los tratamientos para la fisura han demostrado científicamente ser eficaces.

La fisura discal no debe ser operada, y no hay pruebas científicas de que los tratamientos desarrollados específicamente para resolver la fisura sean eficaces.

 

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 Última actualización: 2 Junio, 2015

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