- Saber que el dolor no suele reflejar la existencia de una
lesión, sino sólo un malfuncionamiento de la musculatura.
- Mantenerse lo más activo posible y seguir trabajando,
y evitar tan sólo lo que el dolor impide hacer.
- Asumir que el dolor tiende a mejorar con el tiempo y que
en los casos en los que esto no ocurre es posible adaptarse
a él sin necesidad de renunciar a casi nada.
- No tomar medicamentos, o hacerlo sólo excepcional y transitoriamente
si las molestias empeoran.